Es frecuente escuchar frases como: «No sé qué me pasa, estoy perdiendo la memoria» o «Últimamente se me olvidan muchas cosas». Y la respuesta más habitual suele ser: «Yo estoy igual», quitándole importancia porque pensamos que la persona exagera o porque damos por hecho que olvidar cosas es algo normal con la edad.
Sin embargo, ante una queja de este tipo, lo más sensato es hacer una pequeña revisión. Por un lado, puede ayudarnos a quedarnos tranquilos y evitar entrar en esa espiral de preocupación que nos hace darle vueltas a todo, sentirnos más bloqueados y, paradójicamente, notar todavía más los olvidos. Por otro, si se detecta algún cambio que convenga vigilar, podremos actuar cuanto antes y recibir la orientación adecuada.
También es importante observar con calma algunos cambios en nuestros familiares. Por ejemplo, que repitan con frecuencia la misma pregunta, que olviden conversaciones recientes o que les cueste encontrar palabras que antes utilizaban con normalidad. No se trata de alarmarse ni de sacar conclusiones precipitadas, sino de prestar atención.
En esos casos, puede ser buena idea proponer una consulta con su médico de cabecera o con un neurólogo. Siempre desde el respeto, sin dramatizar y sin hacer que la persona se sienta examinada.
Y, sobre todo, evita frases como: «Pero ¿cómo no vas a saber decir eso?» o «¡Si ya me lo has contado tres veces!». No ayudan; solo aumentan la frustración y la inseguridad.
Ten paciencia. Dale tiempo. Escucha lo que quiere expresar, aunque tarde un poco más en encontrar la palabra. A veces, cuidar también consiste en no completarles la frase. Si te surgiera cualquier duda al respecto, ¡no dudes en consultarnos en Vidama!

